lunes, 5 de abril de 2010

Las Ruinas - Scott Smith


Scott Smith junta en un libro dos premisas sumamente sobadas de la literatura de horror: el Pueblo Pequeño con un Secreto Mortal y el Naufragio.
Los lugares comunes abundan desde el principio, marcando el destino de los protagonistas desde sus primeras palabras: los gringos que están de vacaciones en un país que no es el suyo e insisten en visitar el Pueblo Pequeño con un Secreto Mortal, dentro del grupo está el payaso que los mete en problemas y el boy scout/líder, y sus correspondientes intereses amorosos, otro extranjero que les solicita ayuda y es el motivo por el cual visitan el Pueblo Pequeño (encarnado en el eficiente y práctivo alemán, Mathias, el otro líder del grupo) y el extranjero que sólo les acarrea problemas (el griego "Pablo", quién sólo lleva en su mochila tequila y nadie entiende lo que dice); no oyen las advertencias, hacen lo que no deben hacer, se enfrentan al Secreto Mortal y terminan con los elementos del Naufragio.

En este caso los protagonistas se enfrentan a una antigua mina/pirámide, en cuyo interior y exterior crece una enredadera que es capaz de percibir a los humanos y cuyo toque sugiere la muerte. Por este motivo, los nativos del Pueblo Pequeño no permiten que nadie se acerque a Las Ruinas, ya que no pueden dejar que dicha planta salga de su encierro. Cuando los protagonistas cometen el error de entrar en contacto con la enredadera, los nativos los obligan a permanecer en Las Ruinas, a merced de la extraña planta, mientras van sucumbiendo a la sed, al hambre y a ellos mismos.

Como villano, la enredadera es cruel. Obviamente no es una planta normal (y aunque no dan pistas de su origen) Jeff intuye, de forma correcta, que la planta piensa, siente y se alimenta, y que es capaz de utilizar sus múltiples trucos para atrae a sus presas.
Me gustó del libro la aceptación inmediata de los personajes a su enemiga: no se pierden páginas teorizando acerca del origen y alcance de la planta, sólo son sus víctimas, mientras esperan que alguien llegue a salvarlos.
Los personajes tienen cierta credibilidad, en algunas partes yo si alenté el triunfo de sus esperanzas y lamenté la dirección de sus decisiones. Aunque no me identifiqué con ninguno (ni siquiera con el médico [porque tenía que haber un médico para darle coherencia a algunas partes]), si deseé el término, de una forma u otra, de sus desventuras.

El final es hollywoodesco, basado en películas de corte similar, y con el típico arribo del siguiente grupo de desgraciados que no tienen idea de lo que les espera. Sin mensajes morales posteriores ni sermones de ningún tipo sobre los peligros de visitar tierras desconocidas.

Es un buen libro, sin páginas de más, y una alternativa para los que gusten de las películas de terror del mismo estilo (por cierto, con sólo ver el trailer uno se da cuenta que despedazaron la historia original). Aunque el libro no deja de caer en situaciones antes vistas, vale la pena la lectura al presentar a un villano fresco después de tanto tiempo de ser perseguidos por hombres con machetes.

Y si, lo compré porque en la portada utilizan el también sobado truco de poner palabras de Stephen King elogiando la obra. Por cierto, noté ciertas similitudes entre éste ralato y La Balsa, del autor de Maine, tanto en las características de los personajes como en la situación en general (recordando que La Balsa es, a su vez, un tributo a La Mancha Voráz).

Las Ruinas - 8